Luchando con el Destino
Luchando con el Destino..
Se cuenta que una vez Satanás tenía una feria de garage; él estaba vendiendo herramientas pero curiosamente una de ellas tenía una etiqueta escrita “No está a la venta”. Entre sus herramientas tenía el orgullo, la avaricia, pornografía, adulterio, entre otras más. De pronto se acerca un interesado y le pregunta: - ¿por qué esa no está a la venta?. A lo que Satanás respondió: - esa es mi herramienta favorita y se llama desánimo. Y con ella he ganado muchas batallas.
¿Alguna vez te has desanimado? Todos lo hemos pasado, no es un estado de ánimo del cual nos sintamos orgullosos al momento, nos causa vergüenza a la verdad; pero si da regocijo haber salido de ese estado de ánimo. Y con orgullo contarle a otros cómo lo superamos.
Pero ¿Qué es el desanimó? ¿Qué dice la Biblia? ¿Es pecado desanimarnos? Necesitamos respuestas sobre este tema que enfrentamos no solo una vez en la vida.
Según algunos expertos el desánimo es un estado de ánimo donde se ha perdido la motivación de perseverar o emprender algo. También el desánimo puede tener algunas causas externas como: el entorno, familia, amigos, factores sociales, económicos etc. Por esa razón todos lo hemos experimentado más de una vez al año. Pero así como de real es el Desánimo de las cosas de la vida, también existe el desánimo espiritual.
Tomemos como ejemplo dos casos bíblicos para responder a las preguntas anteriormente dichas.
El primer caso, nos deja ver que incluso un gran hombre de la Biblia lo vivió. Y es Elías. Según 1 de Reyes, él fue un profeta obediente, humilde pero tan poderoso que por su palabra apoyada por Dios por supuesto, no llovió por tres años y medio (Santiago 5:17). Él también se enfrentó a ochocientos cincuenta profetas en total. Cuatrocientos cincuenta de Baal y cuatrocientos de Asera, y los venció cuando le pidió a Dios que respondiera su clamor para que el pueblo viera quien es el verdadero Dios (1 Reyes 18).
Cualquiera de nosotros creería que un hombre así, que presenció el poder de Dios. No tendría problemas con su estado de ánimo. Sin embargo, después de saber la amenaza de Jezabel hacia él. Huyó y se escondió por temor. El texto dice esto: “Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. ” (1 Reyes 19: 4).
Algunos comentaristas dicen que Elías no solo se desanimó sino que probablemente su condición fue peor, él experimentó depresión. Porque se alejó, sintió temor y deseaba morir.
El segundo caso, nos enseña a vencer el desánimo. Este suceso se remonta a la época de Nehemías, cuatrocientos años aproximadamente después de Elías, cuando los judíos regresaron a Jerusalén para reconstruir los muros de la ciudad.
Nehemías y los suyos estaban motivados, pero el desanimó vino de afuera. Según el libro que lleva también su nombre Nehemías, tenía más de un opositor. Entre ellos estaban Sanbalat, Tobias, algunos arabes y los de Asdod quienes no eran judíos.
En capítulo cuatro del Libro de Nehemías, estos hombres al ver que el muro se empezaba a construir, utilizaron como mecanismo dos cosas:
La burla o hacer el ridículo es una buena herramienta para conducir al desánimo. la burla para desanimarlos llamandoles debiles judíos o que si una zorra se posara sobre el muro la derribaría (Nehemías 4:2-3).
Y a ninguno de nosotros nos gustaría ser objeto de risa de otros o el ridículo.
También el cansancio es otro factor relevante para conducir al desánimo (Nehemías 4:10). Como seres humanos no siempre tenemos fuerzas y podemos dar el mismo rendimiento. Como sí pueden hacerlo las máquinas, aunque ellas también necesitan mantenimiento. De allí la importancia Bíblica de que nos fortalezcamos en el Señor y en el poder de su fuerza (Efesios 6:10).
El desánimo es propio de nuestro diario vivir, y es normal que alguna vez lo experimentemos, incluso en los asuntos de la vida cristiana. Sin embargo, todos podemos vencerlo. Tanto Elías como Nehemías y los suyos lo vencieron.
De Elías sabemos que Dios siempre estuvo cerca de él y le ayudó incluso para su última misión que fue buscar un sucesor como Eliseo, y después terminó siendo llevado por Dios, sin ver la muerte. Mientras de Nehemías sabemos que en el momento que supo de sus burladores, él oró a Dios (Nehemías 4: 9).
De los dos ejemplos tenemos algunas claves para vencer el desánimo. El primero es no separarse de Dios. Lo segundo tiene que ver con lo anteriormente dicho, necesitamos solo de la fuerza de Dios para tener un estado de ánimo estable (Isaías 40:31).Y tercero, necesitamos orar. Jesús dijo: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41). Santiago también dice: “¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración…” (5:13).
Finalmente, el Señor Jesús sabe cuán difícil puede ser el desánimo para nosotros. Él como Dios hecho carne, también experimentó las flaquezas de los humanos cuando se humilló y vivió entre nosotros (Hebreos 2:14-18). Pero siempre venció, y no solo eso, sino que tiene toda autoridad en el cielo como en la tierra y nos ha prometido estar con nosotros hasta el fin del mundo.
¡Dios le bendiga!

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